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La espada de Damocles de los mercados sigue amenazando a las economías periféricas de la zona euro, hágase la reforma que se haga o cámbiese el gobierno que se cambie. Es como el Día de la Marmota de ‘Atrapado en el tiempo’. Ya se ha ejecutado hasta un mini-rescate encubierto del Banco Central Europeo, cuya compra de bonos italianos y españoles ha perdido su eficacia con el paso del tiempo. Muchos incluso dan por hecho que el euro será pasto de los tiburones.

Porteras chismosas sobre el parqué.

Más allá del debate sobre si la crisis de la deuda es o no en gran medida artificial y culpa de los especuladores, lo que queda fuera de toda duda es el impacto de los rumores en la bolsa, la prima de riesgo y otros indicadores financieros que tanto afectan a la economía de los países. Hasta periodistas especializados en información económica han expresado su perplejidad ante la volatilidad de unos mercados que no siempre se guían por motivos racionales. Algunos medios han llegado a desmenuzar en un reportaje cómo actúan estos llamados especuladores para lograr que la prima de riesgo española se dispare o para que el IBEX 35 se desplome. Según ellos, en este proceso los rumores juegan un papel esencial. A veces se difunden a través de medios prestigiosos como el ‘Financial Times’ pero, en estos tiempos de smartphones y redes sociales, los rumores sobre la bajada de tal o cual valor corren como la pólvora en Twitter, que se ha convertido en una herramienta de trabajo insustituible para los brokers

El humorista gráfico Mel, ilustró a la perfección esta situación en una viñeta publicada hace unos meses en los diarios del Grupo Joly. Mel habla del “efecto mariposa” y sus desastrosas consecuencias sobre algunas economías. Mel satiriza a estos especuladores comparándolos con vecinas cotillas que difunden las mentiras más inverosímiles pero, que sin embargo, calan en el vencindario provocando consecuencias nefastas.

Seamos o no proclives a demonizar a los inversores o a reducir el mercado bursátil a pura especulación conspirativa, lo cierto es que hay evidencias del papel fundamental que en ocasiones juegan los rumores en algunos movimientos importantes. Oliver Stone llevó este tipo de operaciones a la gran pantalla en su película ‘Wall Street 2. El dinero nunca duerme’. El flashcrack vivido en 2009 en las principales bolsas del mundo (un derrumbe repentino sin motivo aparente del que se recuperaron al poco tiempo) nos da una idea hasta qué punto los brokers se ven obligados a estar pendientes de posibles efectos dominó y de cómo el negocio depende del concepto “contagio”, que no siempre está justificado por motivos racionales. Cuesta creer cómo el presidente del Eurogrupo, Jean-Claude Juncker, pidió esta semana que los mercados actuén con racionalidad. Antonio Núñez, consultor en comunicación y experto en storytelling, se atrevió a augurar en un artículo que “España será lo que se rumoree”. Si es verdad que, como declara el comentarista político Antón Losada, “el negocio es desconfiar de las economías”, entonces está claro que las medidas que cualquier gobierno tome en cualquier sentido no serán suficientes.

Cuesta aceptar que el futuro de millones de personas dependa de rumores y estados de ánimo que no siempre se corresponden con la realidad macroeconómica. Políticos, empresarios y sindicalistas deben estar más pendientes que nunca de sus declaraciones públicas. No es que gobiernen para los mercados, es que, además, deben animarlos y mimarlos. Si alguna incertidumbre asoma el horizonte, es aconsejable no pensar en alto a riesgo de que al Estado le cueste miles de millones de euros. A muchas personas les indigna que cotilleos infundados puedan hundir la vida de personas normales y que los grandes inversores se comporten como porteras chismosas. A muchos les puede indignar, pero, pensándolo fríamente, no es una circunstancia extraña. A lo largo de la historia, en la política, en la guerra o en la misma economía, quienes luchan por el poder siempre han utilizado el bulo, el globo sonda o simplemente el rumor interesado.

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