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Hace unos días el Hotel Pino Mar de El Puerto de Santa María acogió una nueva cita de ‘Política y Vino’. El capitán de navío Jaime Rocha nos habló de sobre “Los servicios de inteligencia, mitos e historias”. Exagente del CESID (actual Centro Nacional de Inteligencia), el capitán Rocha realizó un brillante ejercicio didáctico y divulgativo de un mundo que siempre ha generado mucho interés y misterio entre la población, más aún en estos tiempos, a raíz de los casos de Wikileaks y Snowden.

'Política y Vino' con Jaime Rocha.

En esta ocasión la tertulia se celebró en colaboración con la Asociación Cultural “Razzia Artis”, por lo que el formato no fue el habitual, sino más bien una conferencia al uso. Eso sí, tras ella pudimos continuar la tertulia amigablemente con Jaime y muchos de los contertulios en el coqueto bar del hotel disfrutando de una copita de vino fino.

Dentro de los límites que le permiten la ley y su juramento, el ponente explicó cómo se entra en un servicio de inteligencia, los motivos y los requisitos que hay que cumplir, entre los que destacan unas durísimas pruebas físicas y psicológicas. Para ejercer un oficio tan delicado, uno no puede presentarse voluntario: miembros del cuerpo eligen a determinadas personas por sus cualidades. Aparte, cada misión y cada destino requiere un entrenamiento específico. En el caso del CNI, la mayor parte de los agentes provienen de las fuerzas armadas y de los cuerpos de seguridad del Estado, si bien este porcentaje se ha reducido considerablemente en los últimos años. Por el contrario, el que sí ha aumentado mucho es el de mujeres.

El primer dato no debe extrañarnos si tenemos en cuenta que el origen histórico de los servicios secretos o de inteligencia es militar. En España, hasta la llegada del actual Gobierno, el CNI pertenecía al Ministerio de Defensa. Hoy, depende del de Presidencia. El capitán Rocha realizó un completo repaso histórico de estos servicios: desde la heroína judía Judith -quizás la primera espía de la historia- hasta el caso Snowden, pasando por los especuladores romanos y los barruntes (de ahí el verbo barruntar) y exploradores medievales. España comenzó a tener un servicio secreto más o menos oficial en tiempos de los Reyes Católicos y del Gran Capitán Gonzalo Fernández de Córdoba. En el reinado de Felipe II se les dotó de mayor organización y estructura y, por lo tanto, eficacia. Entre los grandes espías de la historia de España, Rocha destacó a Joan Pujol -clave en el Desembarco de Normandía-, Alí Bey, la condesa de Romanones -a quien desmitificó al dudar de al veracidad de parte de lo que escribió en sus memorias- y Mikel Lejarza ‘Lobo’.

Jaime Rocha y el público en el Hotel Pino Mar.

Sobre la actualidad, y en el plano internacional, quiso diferenciar los casos de Manning y Snowden. Mientras el primero denunció (entre otras cosas) crímenes de lesa humanidad, el segundo, a juicio de Rocha, ni ha desvelado nada verdaderamente importante ni ha justificado el quebrantamiento de su juramento como agente. Prueba de ello es que, según Rocha, Rusia le haya concedido asilo a cambio de no airear más secretos de Estado norteamericanos. Sin ánimo de entrar en asuntos políticos, el capitán describió, de forma superficial, cómo funcionan los sistemas de escuchas. En su opinión, el hecho de que exista esa tecnología no debe preocuparnos, pues ni en España ni en otros países de nuestro entorno se espía a los ciudadanos de forma indiscriminada.

Por muchos recursos que reciba, ningún servicio de inteligencia del mundo es inmune a equivocarse. En este mundo los errores tienen terribles repercusiones para las naciones. Por ello, todos los servicios del mundo cuentan con un régimen de disciplina y sanciones. Entre los fallos más graves de los últimos años Rocha subraya el de la CIA en relación con las inexistentes armas de destrucción masiva en Irak y el de los servicios de inteligencia occidentales en su interpretación de la Primavera Árabe. Entre los más potentes del mundo mencionó a los servicios cubanos, al parecer muy activos en España.

Jaime Rocha habla sobre los servicios de inteligencia.

Por supuesto, hubo tiempo para las anécdotas. La que más gustó fue la de un español emigrado a Alemania que colaboró con la Stasi (servicio de seguridad de la RDA) enviando información desde su casa en un acantilado de la Bahía de Cádiz sobre los barcos estadounidenses que entraban en la Base Naval de Rota. Esta persona debió cometer un error, pues un día apareció muerto en Málaga a manos, según se cree, de la propia Stasi. En ‘Política y Vino’ también aprendimos que la paciencia es básica en el espionaje. Prueba de ello son los miembros del KGB soviético que emigraban jóvenes a Latinoamérica y formaban una familia allí para más de una década después viajar a España y activarse como agentes. El espionaje industrial, concretamente en el sector de la cerámica, fue otro tema que sorprendió mucho a los asistentes. En un tono más personal, el ponente recordó brevemente su experiencia en Checoslovaquia durante la caída del régimen comunista o el contacto con colaboradores de países árabes.

La charla fue sumamente didáctica. Quienes se acercaron por primera vez al asunto de los servicios de inteligencia pudieron conocer términos tan propios de él como “agente doble”, “agente durmiente” o la diferencia entre servicios de información y de inteligencia. Como en otras disciplinas, cada maestrillo tiene su libro. Así, cada país divide estos servicios en uno, dos o múltiples cuerpos, que pueden llegar a depender de ministerios distintos. Lo que sí hay que tener claro es que ningún servicio secreto tiene a otro de amigo íntimo. Más bien se puede hablar de aliados, y sólo cuando los intereses de ambos coinciden.

Para terminar, el capitán Rocha reivindicó la palabra “espía” y aseguró que la mayoría de los miembros del CNI que conoce entraron en él por idealismo, ya que “se juegan permanente la vida para salvar la de otros compatriotas”. El broche de oro fueron varias recomendaciones literarias sobre espionaje, sobre todo ensayos y biografías. Por encima de todas, destacó la de ‘Lobo’. En cuanto novelas, para nuestro conferenciante no hay duda: John Le Carré, el más veraz de todos gracias a su experiencia como agente británico.

Clausra de la cuarta tertulia de 'Política y Vino'.

El acto lo cerró el diputado por la provincia de Cádiz Alfonso Candón, miembro de la Comisión de Defensa, quien fue el protagonista meses atrás de la segunda charla de ‘Política y Vino’.

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