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Andalucía ha tenido un verano muy movido políticamente hablando desde que José Antonio Griñán anunciara el pasado mes de junio que no se presentaría a la reelección. Desde entonces, los acontecimientos se han precipitado a una velocidad vertiginosa. Primero se celebraron unas Elecciones Primarias que auparon a Susana Díaz, número dos del PSOE-A y del Gobierno andaluz, a la candidatura de unas todavía lejanas Elecciones Autonómicas. Poco después de ser proclamada, y en contra de lo afirmado previamente, el presidente de la Junta de Andalucía hizo público que dimitiría en septiembre.

El presidente de la Junta de Andalucía, José Antonio Griñán.

En un post anterior planteábamos varias hipótesis sobre los motivos que llevaron a Griñán a tomar esta decisión. La mayoría de los lectores de ‘El Atril’ se inclinaron por el desgaste provocado por el caso de los ERE, extremo que, en principio, negó el presidente andaluz, pero que acabó finalmente reconociendo en la comparecencia con la que el pasado 27 de agosto explicó los motivos de su renuncia.

En la citada rueda de prensa Griñán explicó que se marcha para dar paso a una generación más joven de políticos que renueve el Partido Socialista y por motivos personales. También admitió que dimite para que la investigación judicial sobre el caso de los ERE no monopolice el debate político andaluz y no desgaste más al Ejecutivo autonómico. El presidente quiso transmitir emotividad, sinceridad, honestidad, y humildad, al tiempo que se afanó en despejar cualquier duda sobre futuras tutelas o interferencias en el Gobierno de Susana Díaz.

Desde el punto de vista de la comunicación política, su intervención fue aceptable, si bien dejó un poso de amargura y varias incógnitas en el aire:

Griñán valoró como injusto que el foco de las sospechas apunte a su persona. Quiso transmitir sinceridad y honradez cuando insistió en que durante su periodo como consejero de Hacienda no tuvo nada que ver con este escándalo de corrupción, pero, si tan convencido está de su inocencia, ¿por qué se mantiene protegido ante una posible imputación (aforamiento) al decidir pasar a ser senador?

Sin ánimo de sembrar ninguna duda sobre su inocencia, ¿no manda esta decisión un mensaje contradictorio? Y en relación a su futuro puesto de senador, ¿no sería más coherente abandonar durante un tiempo todo cargo institucional para escenificar con más claridad esa anunciada renovación política?

La renovación y la apertura del partido a la sociedad choca con otro escollo: la forma en que se han desarrollado las Primarias. Hay que reconocer que convocarlas pro primera vez en la historia de la formación ha sido un importante avance, pero ¿por qué se han celebrado con tanta celeridad? ¿Por qué el aparato no ha actuado con más neutralidad ante las diferentes candidaturas? ¿Por qué no se ha tratado de aprobar un reglamento más abierto y democrático en aras de favorecer la participación tal y como defienden los socialistas gallegos?

El secretario genral del PSOE-A junto a la vicesecretaria.

Desde que adelantara que no se presentará a los próximos comicios, Griñán ha contado su relato por capítulos y de forma contradictoria. ¿No hubiera transmitido más transparencia exponer desde el principio la hoja de ruta reconociendo que iba a dimitir? El secretario general de los socialistas andaluces asegura que él no le ha mentido al Parlamento de Andalucía, sino que circunstancias personales han motivado este cambio de opinión. Estas razones personales son otra incógnita, pues, aunque se intuye que se refiere a la presión que sufre la familia por las continuas informaciones del caso de los ERE, de ellos apenas han trascendido nada. En cualquier caso, muchos analistas apostaron desde el principio a que no terminaría la legislatura.

Pero lo peor de este relato es que aún queda incertidumbre. Por el momento, Griñán continuará manteniendo sus cargos orgánicos: secretario general del PSOE-A y presidente del partido a nivel federal. Aun siendo preguntado de manera expresa, Griñán no desveló si abandonará su liderazgo en Andalucía para evitar un nuevo caso de bicefalia como el que él mismo protagonizó con el expresidente Manuel Chaves.

La última pregunta que nos planteamos tras la despedida de Griñán es cuándo acabará la legislatura. El presidente andaluz ha respondido que se agotará y su sucesora ha cerrado un acuerdo con Izquierda Unida (IU) en este sentido. No obstante, a mediados de julio, Susana Díaz sembró la duda al no descartar un adelanto electoral. Es verdad que Griñán agradeció expresamente a IU y a su excoordinador autonómico y actual vicepresidente, Diego Valderas, su lealtad como socio de Gobierno. También lo es que Díaz jugó un papel muy efectivo para que las negociaciones con IU llegaran a buen puerto. No obstante, nada parece tan claro. A finales de julio, varios dirigentes de IU mostraron públicamente su malestar ante la posibilidad de que Díaz estuviera barajando adelantar las elecciones. Más recientemente, cargos públicos de IU y el partido CUT-BAI, integrado en la federación de izquierdas, han expresado su rechazo a la investidura de Díaz. En el lado socialista, pesos pesados de la vieja guardia como el expresidente de Extremadura, Juan Carlos Rodríguez Ibarra, alertan a la futura presidenta del peligro de que la coalición rentabilice mejor la acción de Gobierno. Hay que tener en cuenta que Extremadura es un territorio donde el PP gobierna gracias a la abstención de IU en la investidura)

El tiempo irá aclarando el destino de un curso político que se antoja apasionante en la comunidad autónoma más grande y populosa de España.