Etiquetas

, , ,

Está claro que, como dice, Milagros Pérez Oliva en El País, el suflé no baja. El independentismo catalán continúa con la misma o mayor fuerza que hace un año, cuando una manifestación logró reunir a cerca de un millón de personas en Barcelona con motivo de la Diada, el Día de Cataluña. Este año el 11 de septiembre se celebró otro acto reivindicativo que también fue secundado de forma masiva: la Vía Catalana hacia la Independencia. Esta iniciativa consistió en una cadena humana que recorrió unos 400 kilómetros y atravesó 86 municipios a lo largo de toda la geografía catalana para reivindicar la independencia. El trazado siguió la antigua Vía Augusta, desde Francia hasta el límite entre las comunidades autónomas de Cataluña y Valencia.

Cadena humana por la independencia de Cataluña-

Independientemente de la opinión y los sentimientos que cada persona albergue hacia el proyecto separatista, pocas dudas quedan del éxito de la convocatoria. La idea de la Vía Catalana fue un éxito desde la perspectiva de la comunicación y la estrategia, entre otros motivos, porque supo utilizar a su favor una serie de conceptos:

-Originalidad: volver a repetir una manifestación en Barcelona hubiera sido más monótono y menos estimulante para muchos simpatizantes de la causa. Aunque es cierto que el acto se inspiró en la Cadena Báltica que Estonia, Letonia y Lituania protagonizaron en 1989, hay que reconocer que es una iniciativa mucho más novedosa que la clásica concentración en una capital, lo que a la postre sirvió para atraer la atención de algunos medios de comunicación internacionales.

-Impacto visual: ésta fue otra de las claves del impacto mediático que generó. Una cadena humana es una imagen mucho más impactante que la cabecera de una manifestación. Es una actividad que se presta a ofrecer una gran variedad de imágenes curiosas. La cadena es un elemento notablemente simbólico: hace referencia de forma metafórica a la situación de falta de libertad que denuncian los separatistas.

-Participación: la cadena humana se forma cuando muchas personas juntan sus manos. Es un acto que requiere la implicación y la colaboración de los activistas. Si dos de ellos no se cogen de la mano, la cadena se rompe, por lo que el individuo juega aquí un papel más importante que una manifestación.

-Unidad: en el plano simbólico, unir las manos es la máxima expresión de unidad que pueden representar las personas que se comprometen con un proyecto.

-Vertebración: insistimos en que desde el punto de vista de lo que se quiere comunicar, la Vía Catalana es ideal porque, al recorrer la comunidad autónoma de punta a punta, refuerza la vertebración del territorio. Asimismo, es un incentivo para que ciudadanos de todas las comarcas se sumen. El gran protagonista ya no es la capital, Barcelona, sino muchos pequeños pueblos de todas las provincias. A nivel simbólico, el hecho de comenzar en Le Perthus (Francia) y terminar en el límite de la Comunidad Valenciana es un guiño al proyecto de Países Catalanes, que aspira a integrar a otros territorios ubicados fuera de la comunidad autónoma catalana.

-No partidismo: en convocatorias que buscan la “unidad nacional” alrededor de un proyecto político, lo más acertado para sumar el máximo número de personas y colectivos es que los partidos políticos se mantengan al margen de la organización, sin que ninguno de sus líderes se identifique como cabecilla de la iniciativa. Aunque CDC, ERC, CUP y personalidades políticas de distintos partidos participaron y mostraron su apoyo a la Vía Catalana, el acto fue promovido, como la manifestación del 11 de septiembre de 2012, por la Assemblea Nacional Catalana, una asociación independentista.

-Conexión histórica: la conexión con la historia no se refiere sólo a la Vía o Cadena Báltica. La cadena humana del pasado 11 de septiembre se completó a las 17:14 horas, en conmemoración del 11 de septiembre de 1714. Ese día, elegido para la celebración de la Diada, recuerda la toma de Barcelona por parte de las tropas de Felipe V de Borbón. En represalia por haber tomado partido por el archiduque Carlos de Austria durante la Guerra de Sucesión española, el monarca abolió las leyes e instituciones propias de Cataluña. Estos hechos históricos son un todo un hito para el imaginario colectivo independentista y para su relato mítico.

-Victimismo: todo relato nacionalista está impregnado de cierta dosis de victimismo. En esta ocasión, el icono de esa supuesta intolerancia española y la opresión hacia Cataluña la irrupción de un grupo de extrema derecha en la sede de la Generalitat de Catalunya en Madrid para boicotear un acto del Govern e intimidar y agredir a varios políticos catalanes y a otras personas allí presentes. Los radicales le pusieron la foto en bandeja a los independentistas, a cuya causa contribuyeron de forma involuntaria.

Independentistas catalanes junto a  la Torre Eiffel.

-Internacionalización: el sueño de todo separatista es “internacionalizar el conflicto”, es decir, que personalidades, instituciones o estados del mundo se impliquen en el tema, bien tratando de mediar (y, por tanto, reconociendo de forma indirecta los derechos a los que aspira el movimiento) o bien respaldando explícitamente sus reivindicaciones. La Vía Catalana hacia la Independencia tuvo éxito en esta tarea en varios frentes. En primer lugar, consiguió que la cadena humana tuviera un tramo internacional en países de los cinco continentes. Pero lo más importante fue el apoyo explícito encontrado en las repúblicas bálticas. Y no hablamos sólo de la participación de algunos de los promotores la histórica cadena báltica en la presentación de la Vía Catalana el pasado mes de junio: los jefes de Gobierno de Letonia y Lituania, actual presidente de turno de la Unión Europea, se han manifestado a favor del derecho de autodeterminación del pueblo catalán, lo que ha enojado al ministro de Asuntos Exteriores español.

Fuente de las imágenes: Wikipedia

Anuncios