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Los Reyes Católicos en 'Isabel'.

Por segunda semana consecutiva, en ‘El Atril’ queremos dedicar un post a la serie ‘Isabel’, que cada lunes emite Televisión Española. Ya hemos dicho que la política es uno de los ingredientes básicos de sus capítulos. Isabel de Castilla y Fernando de Aragón son presentados como auténticos modelos de líderes para sus reinos. De muchas de las virtudes que atesoran los personajes televisivos nos ocupamos en el artículo de hace siete días. En éste, vamos a comentar otra cualidad de los protagonistas de la serie en la que también pueden reparar los políticos de hoy día. Nos referimos a la habilidad de estos dos monarcas para detectar problemas de fondo y buscar soluciones. En esto sí coinciden tanto los personajes históricos como los de ficción que protagonizan la serie. 

Esta altura de miras contrasta con el cortoplacismo o el escapismo que caracterizan a muchos dirigentes de la Europa de nuestros días, quienes recurren a menudo a la técnica de la avestruz. Las comparaciones son aún más curiosas si tenemos en cuenta que, pese a que pueda sonar extraño, algunos de los conflictos que tuvieron que afrontar los Reyes Católicos subsisten en la actualidad. Otros tienen un paralelismo muy claro con nuevos retos y amenazas a los que se enfrenta nuestra sociedad. Vamos a repasarlos:

-El poder de los señores feudales: el Renacimiento fue una época de grandes cambios. En el plano político, uno de los más importantes fue el advenimiento de la monarquía autoritaria, en la que el poder real se refuerza en detrimento del de la nobleza, preponderante durante la Edad Media. En cada capítulo, Isabel de Castilla encamina su estrategia a fortalecer el papel de la monarquía y minar la capacidad de los nobles para conspirar. Su éxito en esta empresa fue decisivo para que Castilla se convirtiera en un estado moderno y poderoso dentro de Europa. En el lado opuesto, nos encontramos con su hermanastro y antecesor en el cargo, Enrique IV, un rey carente de visión de Estado, incapaz de detectar este problema de fondo. Sus continuas concesiones a los señores feudales para perpetuarse en el poder contribuyeron a la merma del poder real y a la inestabilidad del reino.

A simple vista podemos pensar que este problema es totalmente tardomedieval, pero ¿no luchan los Gobiernos de hoy contra personas que, sin gobernar, tienen casi más poder que ellos? ¿Desafían y cambian gobiernos los mercados financieros al estilo de los antiguos señores feudales? No faltan los que así piensan.

-La mujer y la monarquía: el liderazgo isabelino se pone a prueba frente a los prejuicios machistas imperantes. Su propio marido, heredero a la Corona de Aragón, se siente humillado en bastantes ocasiones por la insistencia de Isabel en no abandonar Castilla y en no delegar su poder en él. Los derechos sucesorios de su hija también se ven cuestionados por otros personajes, incluso por un aliado como el rey Juan II de Aragón.

Este cisma resucitó en el siglo XIX cuando Fernando VII proclamó heredera al trono español a su hija Isabel. Es el origen del carlismo, un movimiento político que sigue existiendo en el siglo XXI. Por increíble que parezca, el papel de la mujer en la monarquía continúa en el ojo del huracán. No hace falta recordar que en la monarquía española el varón prima sobre la mujer de cara a la sucesión, de forma que Felipe de Borbón es el príncipe de Asturias pese a tener dos hermanas mayores. A pesar de que se  especulado con la posibilidad de reformar la Constitución para cambiar esta norma discriminatoria, los dos partidos mayoritarios en España nunca acordaron hacerlo. Por el contrario, sí se pusieron de acuerdo en poco tiempo para cambiar la carta magna y limitar el déficit público.

Heredera al trono de los Reyes Católicos en la serie.

-El antisemitismo: el odio de gran parte de la población contra el pueblo judío es un conflicto que va ganando peso en la trama de la serie. ‘Isabel’ no detectó tan pronto este problema como otros de los que hemos hablado, pero buscó atajarlo (y con ello no justificamos ni apoyamos sus medidas) cada vez que se manifestó con virulencia. Al final, ya sabemos cuál fue su última determinación: expulsar de su reino a todos los judíos y musulmanes que no se convirtieran al catolicismo. Contrariamente a la creencia popular, Isabel de Castilla, al igual que muchos de sus predecesores en el trono, fue mucho menos enemiga de los hebreos que la nobleza y el clero, quienes acusaban a éstos de ostentar privilegios.

El antisemitismo ha sido un problema social sempiterno en Europa. Aunque el punto álgido de este odio fue el genocidio nazi, esta discriminación ha llegado hasta nuestros días. En Europa del Este y en Estados Unidos movimientos populistas y de extrema derecha siguen teniendo en el antisemitismo un pilar de su discurso. A finales del siglo pasado y en el actual, el problema se ha trasladado a Oriente Medio, donde el Estado de Israel y sus vecinos árabes mantienen relaciones hostiles.

-La administración, los impuestos y la corrupción: en el Renacimiento los estados europeos buscaron un entramado institucional y administrativo más sólido. En los últimos capítulos de ‘Isabel’ esta tendencia se expresa, sobre todo, en las dificultades que tiene el reino para recaudar impuestos. El sistema fiscal y la arquitectura institucional no sirven para los nuevos tiempos. Las sisas del alcaide de Segovia ponen sobre la mesa el secular vicio de la corrupción, que en los últimos años está asolando España. En la serie, el gobierno de las ciudades y la recaudación de impuestos son para la reina de Castilla cuestiones de máxima importancia.

Pero la corrupción no es el único problema actual que aparece retratado en ‘Isabel’. España tiene un problema endémico para recaudar impuestos. La lucha contra el fraude es un caballo de batalla del actual Gobierno. Como en la serie, muchos se quejan de que son las clases populares las que soportan la mayor parte de la carga fiscal. Algunos expertos creen que países de nuestro entorno como Italia tienen sistemas capaces de recaudar mucho más dinero. Asimismo, la reforma de las administraciones públicas es otro de los grandes retos del actual Ejecutivo español.

-La diversidad de los territorios: en la serie también se ven reflejadas las tensiones entre los distintos territorios de la península. Y no nos referimos a los que eran reinos independientes como Portugal, Navarra o Granada. En más de un episodio, la rebelión de los catalanes es un auténtico quebradero de cabeza para el rey de Aragón. En Castilla, los nobles extremeños defienden en más de una ocasión intereses propios, mientras que Andalucía aparece retratada como una tierra exótica, aún influida estéticamente por la cultura árabe y caracterizada por una estructura social y una idiosincrasia muy peculiar. Los Reyes Católicos hablan de las Españas para referirse a los pueblos de la península ibérica. La serie muestra en todo momento que siempre existió una España plural.

El desafío independentista de Catalunya y las tensiones nacionalistas de las últimas décadas les llevarán a algunos lectores a pensar que éste es quizás el conflicto más contemporáneo que aparece -aunque de forma tangencial- en la serie.

Muchos de ustedes, sobre todo sin son monárquicos, contemplarán con envidia las dotes que los dos jóvenes y enamorados monarcas exhiben con su buen gobierno. Pero si no es conveniente idealizar a ningún líder, menos aún lo es cuando se trata de personajes de ficción basados en figuras históricas que reinaron hace más de 500 años. Para mí, lo importante es que, además de para pasar un rato divertido, la serie nos sirva para encender nuestro interés por la historia y la política.

Fuente de las imágenes: El Televisero y 20 Minutos.

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