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Hace unas horas se conocieron los resultados de las Elecciones Legislativas de los Estados Unidos, en las que el Partido Republicano ha arrasado. El Grand Old Party (GOP) ha recuperado el Senado, ha batido su récord en la Cámara de Representantes y ha conquistado feudos demócratas que parecían inexpugnables, como Massachussets y Maryland, estados que también elegían gobernador.

Mapa electoral USA

Aunque los medios de comunicación ya advirtieron que el Partido Demócrata lo tenía muy complicado y que la popularidad del presidente Obama no atraviesa por su mejor momento, el resultado no ha dejado de sorprender a muchos españoles y europeos que se interesan por la política. Más que analizar o explicar en profundidad sus causas, En ‘El Atril’ queremos exponer una serie de claves que pueden servir de ayuda para comprender y contextualizar este histórico batacazo:

-Las legislativas siempre castigan al partido del presidente: de forma similar a lo que sucede en España con las Elecciones Europeas y los grandes partidos, en Estados Unidos los votantes acostumbran a darle un palo o un aviso al presidente en las llamadas Midterm Elections (se celebran a mitad de mandato). Le sucede a casi todos los presidentes, incluso a los que acaban ganando las siguientes presindenciales, como fue el caso del propio Obama en sus primeros cuatro años. Bill Clinton, otro presidente demócrata que fue reelegido, también sufrió un tropiezo en estos comicios. Y no olvidemos que Clinton terminó con unos índices de respaldo popular muy elevados. 

-El votante republicano es más disciplinado: en España tenemos también un ejemplo muy parecido: la base social de la derecha es mucho más fiel y menos abstencionista que la progresista. Esto pesa más aún si cabe teniendo en cuenta que en Estados Unidos hay que registrarse previamente para poder votar. Tradicionalmente, esto ha sido un hándicap para minorías como los afroamericanos y los hispanos, más proclives a apoyar a los demócratas. En el caso de Obama hay que añadir que la “coalición social” que conforma su masa de votantes (mujeres y minorías étnicas) es más heterogénea que la de los republicanos, cuyo granero de votos son los varones blancos, anglosajones y protestantes (wasps). El prestigioso analista y consultor demócrata Stanley Greenberg explica que los distintos sectores que auparon a Obama al poder se dispersan en elecciones intermedias, aunque en las presidenciales, que ellos consideran más importantes para sus intereses, muy probablemente acudirían a votar contra candidatos que sientan muy conservadores.

-Obama es menos popular que en Europa: desde que se lanzó a la carrera por la Presidencia, los europeos sienten verdadera fascinación por Barack Obama. Nos atrevemos a decir que es uno de los presidentes de Estados Unidos mejor valorados de la historia en el Viejo Continente. Pero cometeríamos un error si pensamos que en su país de origen su figura se ve desde nuestro prisma. Los votantes más conservadores lo consideran un radical de izquierdas. Según el diario ‘Hispanidad’, el último sondeo de The Washington Post’ y la cadena ‘ABC’ indica que sólo el 44% de los estadounidenses tiene una opinión positiva del mandatario. En estos momentos Obama es uno de los presidentes peor valorados por la opinión pública de la historia reciente de los Estados Unidos. Todos los sondeos apuntan en esta dirección. Prácticamente ningún candidato demócrata ha querido contar con el respaldo expreso del presidente en su campaña.

-Una crisis que destruye gobernantes: en Europa ha sucedido lo mismo. La Gran Recesión está destrozando la imagen de la mayoría de los gobernantes. Es verdad que Estados Unidos lleva ya años creciendo, creando empleo y defendiéndose mejor que los países europeos de la crisis. No obstante, la percepción de la ciudadanía estadounidense es que el peligro no ha pasado del todo. El profesor de los Estudios de Economía y Empresa de la Universitat Oberta de Catalunya, Josep Lladós, explica en el periódico digital ‘Te Interesa’ que “la recuperación económica de EEUU es insuficiente y de mala calidad”; y añade en un artículo de Susana Campo que entre una gran parte de la población “hay un desencanto por la posibilidad de encontrar empleo y quienes lo encuentran, con baja remuneración y baja calidad”.

El presidente de Estados Unidos, con gesto de extrañeza.

-El nivel de vida ha descendido con Obama: en relación a lo anterior, hay que saber que, más allá del crecimiento del PIB, el descenso del desempleo y la buena gestión de Obama frente a la crisis, lo que más le importa al elector es su situación económica. Muchos estadounidenses constatan día a día como han salido perdiendo de la crisis. En el artículo citado anteriormente, Julio Cañero, director del Instituto Franklin, señala que “los estadounidenses no han visto mejorada su calidad de vida”. En esta línea, argumenta que “es cierto que la economía está creciendo, pero la percepción que el ciudadano tiene es que están peor que antes de la llegada de Obama a la Casa Blanca”. Y es que, objetivamente, los estadounidenses han perdido poder adquisitivo desde la llegada de Obama a la Casa Blanca. A esto hay añadir el aumento de la desigualdad. Esta tendencia a la desigualdad y al empobrecimiento de la clase media estadounidense no es nuevo. Stanley Greenberg y James Carville demuestran en su libro It’s the Middle Class, Stupid!’ que esto viene sucediendo desde hace décadas: hasta el punto de cuestionar que el sueño americano siga teniendo vigencia.  Javier de la Nava, profesor de Economía del Centro de Estudios Financieros sostiene que “el ingreso promedio de los hogares es menor ahora que el registrado a finales de los 80″.

-Estados Unidos es menos superpotencia: parte del problema de la crisis es que en Europa y en Estados Unidos no está siendo sólo económica, también es moral (en el sentido de motivación y autoestima). Especialmente, desde hace pocos años Estados Unidos vive con melancolía como su omnipotencia en asuntos económicos, políticos e incluso militares empieza a ser discutida en el mundo. Este estado de ánimo no beneficia precisamente al partido del presidente.

-Golpes del ébola y el Estado Islámico: la coyuntura política local tampoco ha sido propicia para unas elecciones que la estrategia republicana ha querido convertir en un plebiscito contra el presidente. En la credibilidad del Gobierno y, por ende, del Partido Demócrata han pesado también su gestión de los dos problemas más candentes de las últimas semanas: los casos de ébola y el auge del Estado Islámico.

-Víctima de su propio relato:  en el artículo de ‘Te Interesa’ que hemos citado, Daniel Ureña, director de The Hispanic Council, señala que “la popularidad del Presidente Obama viene reduciéndose en los últimos años por el desencanto de las promesas no cumplidas”. En especial, volvemos recalcar el aumento de la desigualdad, sobre todo para las minorías. Con Obama se están produciendo más deportaciones que nunca. La tan ansiada reforma migratoria no llega y muchos dreamers se sienten decepcionados, cuando no engañados. En este sentido, De la Nava comenta que “los ciudadanos, en especial las minorías latinas y afroamericanas, achacan al presidente  que no ha materializado las expectativas de reducir la vulnerabilidad de los estadounidenses”. En definitiva, Obama está recogiendo el sentimiento de parte de la sociedad hacia tanto circo electoral y hacia el abuso del discurso cosmético, las técnicas de marketing y el storytelling, que acaban produciendo frustración y hartazgo.  Christian Salmon desgrana esta circunstancia magistralmente en ‘La Estrategia de Sherezade: apostillas a Stortelling’ y Storytelling: la máquina de fabricar historias y formatear las mentes’. Ser hipermediático tiene sus contrapartidas.

Fuente de las imágenes (por orden): ‘El Mundo’ y ‘Crisis Global Hoy’

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