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El president de la Generalitar de Catalunya, Artur Mas.

Pocas opiniones dudan de que el president de la Generalitat de Catalunya, Artur Mas, ha salido reforzado del 9-N, al menos en lo que se refiere a la imagen pública que proyecta ante su potencial electorado. Desde el punto de vista táctico, la alegría que exhibió tras esta sui generis “jornada electoral” lo dice todo: el plan le ha salido bien. Le ha colado un gol al Gobierno. Ha ganado una batalla importante, aunque le queda mucho para ganar -o, seguramente, perder- la guerra.

Este resultado contrasta con lo que casi todos los analistas comentaron -y yo reconozco que compartí parte de esos argumentos- el pasado 13 de octubre, cuando el Tribunal Constitucional se pronunció contra la consulta que Mas terminó desconvocando para dar paso a este, en principio descafeinado, “proceso participativo” que ha resultado ser un pseudorreferéndum (con su correspondientes ritos electorales clásicos), prácticamente lo mismo que la consulta inicial prevista. Aquel día, analistas de diferentes sensibilidades políticas, estaban de acuerdo en que el líder de Convergència i Unió salía debilitado: daba un paso atrás, agachando la cabeza ante las leyes del Estado español y proponiendo una alternativa con la que nadie del campo nacionalista parecía estar de acuerdo. Frente a él, Oriol Junqueras, líder de Esquerra Republicana de Catalunya, expresaba su desacuerdo e incluso amenazaba con no apoyar el plan de Mas, emergiendo aún más como el auténtico paladín del independentismo catalán. Tras meses tomando la iniciativa, después del 9-N Junqueras ha quedado relegado a un segundo plano, incluso molesto por cierto ninguneo al que, al parecer, Mas le ha sometido. Parece que, al fin, el presidente catalán utilizó esa “habilidad y astucia” de la que hablaba a finales de septiembre

Pero en mi post de hoy no quiero ni dar mi opinión sobre el proceso, ni siquiera analizar la estrategia política y comunicativa de Mas. De hecho, siempre he sido crítico con su estrategia y he considerado más hábil a Junqueras. Sólo quiero reflexionar sobre la importancia de que los líderes políticos y sus spin doctors sepan manejar los tiempos y anticiparse al futuro. Con tantos medios de comunicación generando tantísimos contenidos al minuto de infoentretenimiento, viviendo como estamos a un ritmo informativo y político tan frenético y con una opinión pública tan poderosa como voluble, hay que ser paciente, aguantar la presión y no achicharrarse. Para un dirigente político y para su equipo, la estrategia debe estar siempre muy clara. Para un analista o para un asesor, quedarse con la foto fija de un momento o dar por ganador o perdedor a alguien cuando la partida aún no ha acabo, es siempre un error.

En estos tiempos de Sociedad de la Imagen que describe Jenny Fraser todo puede cambiar de la noche a la mañana. No sé cómo acabará la historia. Otras veces, como tras las últimas Elecciones Autonómicas, la jugada le salió mal al president. En esta ocasión yo creo que le ha salido bastante bien desde el punto de vista de la comunicación. No sé seguro si gracias a la fortuna o a la estrategia.