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No niego que hubiera voluntad de acuerdo, pero en abstracto, sin un objetivo realista, dado lo alejado de las posiciones políticas de ambos y, sobre todo, de las presiones a las que están sometidos. Moderación en las formas, talante dialogante y ambigüedad. Como se ha demostrado, en la ambigüedad de las declaraciones y en la apelación al diálogo había mucho de tacticismo.

Los dos presidentes, el catalán y el español, querían dejar la pelota en el tejado del otro. Pere Rusiñol utilizó en ‘Al Rojo Vivo’ una metáfora muy gráfica: ninguno quiso apretar el botón nuclear. Al menos en primera instancia, es decir, aquel ya lejano 10 de octubre. Ambos querían presentar sus decisiones (la declaración de independencia o la aplicación del artículo 155 de la Constitución que permite al Ejecutivo central intervenir una autonomía) como el producto de la cerrazón de la otra parte. Imma Aguilar, a quien también cité en el post anterior, explicó así el movimiento de Puigdemont: “la jugada de ajedrez consiste en mover una ficha para obligar al jugador de enfrente a mover la ficha que el primer jugador espera”.

A la postre, se ha demostrado que, pese a las aparentes oportunidades que ambos ofrecieron al adversario -de un lado la suspensión de la independencia y, de otro, el requerimiento previo a Puigdemont ante de destituirlo-, los dos tomaron la dirección que en el fondo querían: el presidente catalán la profundización del procés y el español la respuesta del Estado.

Pero esto último no es tan sencillo: tanto a Rajoy como a Puigdemont les hubiera gustado adoptar estas decisiones en un escenario más favorable. El jefe del Gobierno español está convencido de la necesidad de tomar medidas para frenar el proceso independentista, pero hubiera preferido evitar la aplicación del artículo 155 de la Constitución española, que puede favorecer el relato separatista. Por su parte, el president de la Generalitat estuvo a punto de convocar elecciones y de no proclamar la República. Como ha explicado el director adjunto de ‘La Vanguardia’, Enric Juliana, quizás ambos estuvieron muy condicionados en sus respectivas resoluciones por la presiones de su entorno y aliados.

En definitiva, los dos sabían que la situación no era propicia para tomar decisiones de consecuencias históricas, de manera que estuvieron negociando una salida al conflicto (la convocatoria de elecciones al Parlament de Catalunya) hasta el último momento. En situaciones como éstas, ser comedido en las formas y expresarse con cierto grado de ambigüedad puede ayudar a encontrar una solución. Aunque siempre se corre el riesgo de que el mensaje sea interpretado como falta de seguridad o de firmeza. Las situaciones límites son así. A posteriori todo es más fácil de analizar.

Fuente de la imagen: ‘La Vanguardia’

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