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La Navidad es, en los territorios de mayoría cristiana, un periodo ideal para descansar unos días y estar con la familia. Son fechas en las que coinciden varios días festivos y en los que el curso académico y deportivo se interrumpe. Lo mismo sucede con el calendario parlamentario, por lo que, si además tenemos en cuenta lo primero que hemos apuntado, es fácil concluir en que en las Navidades, al igual que el verano, no se caracterizan por su intensidad política.

Sin embargo, resulta muy curioso que en los últimos tiempos España se ha convertido en el país de las Navidades electorales. Por tercer año consecutivo, los españoles han llegado casi a Nochebuena inmersos en procesos electorales o de formación de Gobierno. Hagamos memoria y repasemos de forma anecdótica tres acontecimientos de la historia política más reciente de España, pensando, sobre todo, en nuestros lectores de otros lugares del mundo.

En el último tramo del 2015 el Gobierno del Partido Popular, encabezado por Mariano Rajoy, disolvió las cortes y convocó Elecciones Generales para el 20 de diciembre. Desde la aprobación de la Constitución de 1978, el Estado español nunca había vivido una campaña electoral en vísperas navideñas. Algunos analistas apuntaron que la fecha elegida era, a priori, favorable para el partido que gobernaba. Lo verdaderamente significativo fue que en ellas se materializó la quiebra del bipartidismo dominante gracias a la irrupción de dos jóvenes partidos de distinta orientación política, pero con una etiqueta en común: la Nueva Política. Este concepto hace referencia a la forma innovadora de comunicar, caracterizada por el uso de las redes sociales y la habilidad de sus líderes para debatir en programas de televisión. Nos referimos a Podemos, encabezado por Pablo Iglesias, y a Ciudadanos (C’s), cuyo candidato fue Albert Rivera. La primera es una formación populista (en el sentido académico del término, no en el despectivo) y progresista, mientras que la segunda se reivindica como de centro liberal. Sobre el posible carácter populista de C’s (y de ‘En Marche!’ de Macron) ya reflexionamos en otro post.

Estas elecciones dejaron un parlamento más dividido que nunca, el cual no tuvo nada fácil formar un nuevo Ejecutivo. El PP fue la candidatura más votada con 123 escaños y el 28,71% de los votos, lo que supuso un descenso de 63 diputados con respecto a la anterior cita electoral. A cierta distancia le siguieron el PSOE (90 escaños y 22,01% de los sufragios) y Podemos -junto con sus aliados- (69 escaños y 20,66% de los votos). C’s ocupó el cuarto lugar con 40 escaños y el 13,93% de los votos. Fue el año en el que vivimos sin gobierno, tal como señala Fernando Hernández Valls en el título de su libro. Fue también el año ‘Borgen’, en el que las negociaciones para tratar de formar Gobierno se vivieron como si de la trama de la citada serie danesa se tratara. Y fue la primera vez en que un candidato -en este caso el socialista Pedro Sánchez- se sometió a una sesión de investidura sin obtener los apoyos necesarios para llegar a la presidencia del Gobierno.

Esta situación provocó que en el mes de junio de 2016 se volvieran a celebrar Elecciones Generales. Para sorpresa de algunos analistas, el PP aumentó su mayoría (137 escaños, 33,01%), posiblemente recuperando gran parte del voto que en la convocatoria anterior fue para C’s, que experimentó un inesperado descenso en su número de representantes electos. Podemos, las llamadas confluencias, IU y Equo se presentaron juntos en la candidatura Unidos Podemos tras el Pacto de los Botellines. Esta decisión no sirvió para lograr el sorpasso al PSOE que vaticinaron muchas encuestas.

Los resultados de estos comicios tampoco permitían la formación de un Gobierno sin negociaciones complejas. Los primeros meses la situación de impasse se prolongó hasta que los ciudadanos comenzaron a desesperarse y los mercados financieros a presionar. Un cambio en la dirección nacional del PSOE provocó la salida de Pedro Sánchez de la Secretaría General, quien se oponía a facilitar la investidura de Rajoy. Así, merced al apoyo de C’s y la abstención de los socialistas, el gallego comenzó una nueva legislatura en la Moncloa. Fueron las segundas Navidades electorales, puesto que el Gobierno de España llegaba al mes de diciembre recién constituido.

Las terceras Navidades electorales están siendo las presentes. El pasado 21 de diciembre, un día tan atípico como un jueves, se celebraron las Elecciones al Parlament de Catalunya. Han sido unos comicios que han atraído la atención de toda España y de toda Europa. Tras el referéndum de independencia que la Generalitat celebró el pasado 1 de octubre -pese a que el Tribunal Constitucional lo declaró ilegal-, el Gobierno de España, al amparo del artículo 155 de la Carta Magna, destituyó al president Puigdemont y a su gabinete, disolvió la cámara y convocó las mencionadas elecciones. Casi al mismo tiempo, el Parlament aprobaba la proclamación unilateral de la República Catalana.

En este contexto tan convulso, los partidos independentistas han vuelvto a sumar mayoría absoluta de escaños, si bien, por primera vez en la historia, un partido constitucionalista -en este caso C’s- consigue la mayoría de votos y escaños. Como en las Elecciones Autonómicas anteriores, y como las dos Generales que hemos recordado, la formación de un nuevo Gobierno no se antoja nada fácil. Más ‘Borgen’ para Catalunya y España, aunque la evolución del llamado procés, como ya señalamos en un post anterior, es material digno de las series políticas más trepidantes.

Estos han sido los principales hitos de los dos años más intensos de la actual democracia española, en la que, de forma inesperada, la Navidad y la política han dejado de ser incompatibles.

Fuente de las imágenes: Youtube, Expansión y La Vanguardia.

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