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En el siglo XXI las series han tomado el testigo del cine como principal dispositivo de la industria cultural y del entretenimiento para transmitir ideas y valores. Guionistas y directores han popularizado causas políticas y sociales llevándolas a la pequeña pantalla.

En aras de lograr impacto mediático, en los últimos años algunas campañas han apostado por lo contrario: trasladar tramas televisivas a la actualidad política. En ‘Política en serie. La ficción que inspira al poder’ hacíamos referencia a que las fronteras entre realidad y ficción eran más difusas de lo que parecen, actuando en muchos casos como vasos comunicantes. Como en la afamada película de Woody Allen ‘La rosa púrpura del Cairo’, impulsados por el activismo político algunos personajes saltan de la pantalla a la vida real, consiguiendo incluso que confundamos a éstos con los actores que los encarnan. Memorable es el caso de Martin Sheen, cuyo posicionamiento público contra la Guerra de Irak levantó quejas en la Casa Blanca.

En el imaginario rebelde de Estados Unidos conviven la Marcha en Washington por el Trabajo y la Libertad, la Marcha del Millón de Hombres y la más reciente Marcha de las Mujeres. La Gallina Caponata y demás personajes de ‘Barrio sésamo’ también protagonizaron su propia marcha: la del Millón de Marionetas, en la que reclamaron ante el Capitolio más inversión en la televisión pública. Recientemente, The Handmaid’s Tale’ (‘El cuento de la criada’) también ha inspirado sus propias acciones reivindicativas.

Una de esas causas políticas y sociales a las que aludíamos es, sin lugar a dudas, la igualdad entre hombres y mujeres, una reivindicación histórica que ha plasmado con éxito de público y crítica The Handmaid’s Tale’. La serie, merecedora de ocho Emmy y dos Globos de Oro, es la adaptación de una novela de 1985 escrita por la candiense Margaret Atwood, a su vez ganadora del Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2008. Se trata de una distopía dirigida a denunciar el papel subalterno de la mujer en la sociedad, obligada y limitada en esta historia a servir y concebir hijos.

Elisabet Moss en 'The handmaid's tale'.

Los llamativos uniformes de las criadas de esta serie han sido utilizados en los últimos meses para escenificar de forma muy original varias protestas. La última fue el pasado 7 de enero, cuando un grupos de trabajadoras de la industria del entretenimiento se manifestaron a las puertas del Beverly Hilton -lugar donde se celebraban los Globos de Oro- contra el acoso y la violencia contra las mujeres. Precisamente esta polémica estuvo omnipresente en la que fue la edición más reivindicativa de estos premios. La propia actriz protagonista de ‘The Handmaid’s Tale’, al recoger el galardón a la Mejor Actriz de Drama, pronunció un emotivo discurso en el que puso en valor la importancia de que las mujeres cuenten sus propias historias. Tal como sucede en ‘El cuento de la criada’. La mencionada autora de la novela también ha escrito recientemente un artículo en el que reflexiona en torno a la campaña ‘Me too’, con la que destacadas actrices han expresado su rechazo al acoso sexual en el sector.

La segunda de las protestas que utilizó a ‘The Handmaid’s Tale’ como metáfora tuvo lugar frente al Capitolio el pasado mes de junio. Decenas de mujeres protestaron disfrazadas como criadas de la aclamada serie de Hulu contra al reforma sanitaria de Donald Trump, “la peor en generaciones para la mujer” en palabras de Fern Whyland, director de Comunicación de la ONG Planned Parenthood.

En una sociedad alienada por la televisión y despolitizada parece ser que no hay nada tan efectivo para una causa como convertir a los personajes de las series en sus paladines.

Fuente de las imágenes y el vídeo: Twitter de Taylor Lorenz a través de ‘CulturaOcio.com’, ‘Fotogramas’, Youtube de ‘The Washington Post’ y ‘The Hollywood Reporter’.

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