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Hoy en ‘El Atril’ queremos abordar un tema que analizamos hace unos meses y que ha registrado importantes novedades tras las elecciones presidenciales francesas del pasado año, en las que la formación liderada por Marine Le Pen no obtuviera los resultados esperados. Nos referimos a la orientación ideológica y al posicionamiento estratégico adoptado por el Frente Nacional (FN) en su 16º Congreso, celebrado el 11 de marzo en Lille, que ha significado un giro copernicano.

Pese a haber ganado la primera vuelta y lograr su récord histórico de votos, la formación nacionalista sintió haber tocado techo, lo que sumió a su militancia en un clima de frustración, decepción y, finalmente, depresión. El partido se ha visto sacudido de arriba a abajo, hasta el punto de sufrir escisiones provocadas por altos dirigentes.

El análisis más completo y certero es el de Guillermo Férnandez, que invitó a leer. Para no repetirnos, desde aquí simplemente resumimos que el FN ha abandonado la transversalidad del discurso populista para abrazar la idea de formar un frente amplio de derechas. El Frente incluso se refundará bajo el nombre de Reagrupamiento Nacional, un nombre que ha levantado cierta polémica porque es el mismo que el de un antiguo partido colaboracionista con el III Reich.

La lectura de la crónica de Martínez nos lleva a plantearles a nuestros lectores dos cuestiones: ¿supone este nuevo rumbo un envejecimiento de diez años al partido ¿Significan estos cambios una victoria de la corriente conservadora que representa Marion Melechal-Le Pen?

Desde nuestro punto de vista no se trata tanto de un viraje hacia la extrema derecha como de la pulsión que acompaña al FN desde hace más de una década: la eterna búsqueda de la respetabilidad. Hay más pragmatismo que esencialismo en esta nueva etapa. La estrategia electoral es pescar en el caladero de votos de la derecha tradicional, es decir, crecer a costa de Les Républicains. Se trata de ser una formación antiestablishment, pero no antisistema. Y, para ello, hay que capitalizar el miedo de la sociedad, no asustar más.  Así, ideas como el cuestionamiento del euro desaparecerán de la agenda. Y es que otro de los objetivos es buscar pactos con la derecha más moderada.

La estrella invitada de este último cónclave frentista fue Steve Bannon, un populista de derechas con un discurso incendiario, pero que, sin embargo, consiguió llevar a Donald Trump a la Casa Blanca.

Para sintetizar la anterior estrategia de Le Pen, basada en un discurso más transversal y en un programa económico más compatible con el votante tradicional de izquierdas, titulamos un post anterior como ‘Le Pen no es Wilders’. Ahora no es que la líder del FN vaya a parecerse más al líder del Partido por la Libertad holandés. La clave es convertirse en una candidata más presidenciable, como una alternativa viable y realista para un amplio sector de la sociedad gala que la sigue percibiendo como radical. Es más bien ser una Putin o una Orban a la francesa, dirigentes que en Rusia y Hungría no ofrecen la misma imagen que Zhirinovsky y el Jobbit, respectivamente. Hablamos, fundamentalmente, de imagen, pues en algunos países de Europa la frontera que separa a la derecha dura de la extrema derecha es bastante difusa.

 

Fuente de las imágenes: ‘The Independent’, ‘El Periódico’ y ‘El Español’.

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