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El Hotel Las Cortes de Cádiz acogió a finales del pasado mes de octubre una nueva cita de ‘Beers&Politics’. En esta ocasión el objeto del debate fue el fotoperiodismo y el invitado, Julio González, quien consiguió reunir a decenas de asistentes de distintos variados perfiles personales y profesionales, hasta el punto de que la sala se nos quedó pequeña.

Su charla se titulaba ‘Fotoperiodismo político: ¿una imagen vale más que mil palabras?’González es actualmente jefe de Fotografía de ‘Diario de Cádiz’, rotativo en el que trabaja desde 1999. Antes trabajó para otros periódicos como ‘El País’ y ‘El Mundo’.

Como bien adelantó Tamara García en una noticia del mencionado ‘Diario de Cádiz’, González habló sobre “el auge de la fotografía, de su democratización, de su difusión en redes sociales y de cómo todo eso influye en el trabajo del fotoperiodista”. Y es que, en opinión de González, “en los periódicos la fotografía con mayúsculas ha ido perdiendo su lugar en aras de la inmediatez”, fundamentalmente debido a que “se prima más una imagen de ahora, de ya, que una imagen que transmita un mensaje concreto, que cuente una historia que es, al final, el trabajo del fotoperiodista”.

En cuanto a la fotografía política, advirtió de “las cada vez mayores dificultades” a las que se enfrentan los profesionales. En opinión de González, “hay muchísimos más filtros que hace 20 años para llegar al político, los gurús que controlan las imágenes, los gabinetes te mandan ya sus propias fotografías…”. En definitiva, no cabe duda de que “los políticos se han dado cuenta del increíble poder de transmisión de la fotografía y es algo que intentan controlar”, tal y como concluye en el citado artículo de García.

Por último, cabe recordar que ‘Beers&Politics’ es un proyecto que nace en Barcelona en 2008 de la mano de los consultores Xavier Peytibi y Víctor Izquierdo. Desde entonces la iniciativa se ha extendido por 55 ciudades de Europa y América. Consiste en charlas sobre comunicación política en las que el ponente “habla unos quince minutos, o los que él o ella quiera” y “se le puede interrumpir cuando se desee”. Hablamos, en definitiva, “de una conversación, alrededor de una mesa de bar”, donde “no hay Power Point” y en la que “cualquiera puede venir o irse cuando quiera”. La entrada, por supuesto, es libre y gratuita.