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El candidato republicano, Donald Trump

A pesar de su abrumadora superioridad en las elecciones primarias del Partido Republicano, la victoria de Donald Trump ha cogido por sorpresa a gran parte de los analistas y medios de comunicación de referencia. Y es que una de las claves de su triunfo ha sido precisamente que prácticamente nadie lo ha tomado en serio. La mayoría esperaba que su apoyo popular decayera como consecuencia de algún escándalo o simplemente que se retirara.

Lo cierto y verdad es que hasta las cabeceras más prestigiosas del mundo han caído en su trampa. Al indignarse con sus exabruptos le han regalado tiempo y espacio en televisiones y periódicos. Pocos han percibido que tras la carcasa histriónica, provocadora y políticamente incorrecta no estaba un loco inconsciente, sino la calculada estrategia populista (en el sentido técnico del término, sin matiz peyorativo) y antiestablishment de un multimillonario que ha sabido conectar con las personas descontentas e inadaptadas -especialmente los varones blancos- con los cambios que la sociedad estadounidense y su papel en el mundo ha experimentado en los últimos años. Antoni Gutiérrez.Rubí menciona en un artículo a algunos de los spin doctors que mueven los hilos de su campaña. Según ‘La Vanguardia’, Dana Milbank, comentarista político de referencia del ‘The Washington Post’ se lamentaba de que “hace siete meses dije que me comería mi columna entera, literalmente, papel de periódico y tinta, si Trump ganaba la nominación”. Parece que Trump, como dice el artículo reseñado, triunfó sobre el periodismo. O sobe algunos periodistas.

En un artículo de este blog hablábamos en un post reciente de la importancia de marcar la agenda en una campaña electoral. Y, en efecto, en las primarias del Grand Old Party (GOP) se ha hablado de los temas que a él le interesaban, en los que él se sentía cómodo, que son los relacionados con la seguridad en el amplo sentido de la palabra: inmigración, terrorismo, desempleo, desindustrialización, deeslocalizaciones de empresas, pérdida de rol hegemónico de Estados Unidos en el mundo… Y, por supuesto, de el propio Trump. Tanto es así que en poco tiempo logró escorar el debate a la derecha, obligando a uno de los candidatos más moderados, Jeb Bush, a retirarse y, a su a la postre, principal rival, Ted Cruz, a radicalizarse. Lo mismo le ha sucedido en Europa a Sarkozy e incluso a los socialistas franceses con el Frente Nacional y a los conservadores británicos con el UKIP. En definitiva, Trump ha impuesto el frame, el marco en el que desarrolla el debate, como bien expone George Lakoff en ‘¡No pienses en un elefante’!.

La Teoría de la Liebre aplicada a Trump ilustra hasta qué punto el magnate neoyorquino ha llevado la iniciativa mientras amplios sectores políticos y periodísticos no lo tomaban en serio. Para quienes no estén familiarizados con este término del atletismo, Wikipedia lo explica a la perfección: “en atletismo, una liebre es un corredor cuya función es marcar un determinado ritmo durante la primera parte de algunas carreras de media y larga distancia. Generalmente, las liebres no completan las carreras en las que participan, sino que abandonan tras haber cubierto una distancia predeterminada. (…). La función principal de una liebre es imponer un ritmo lo suficientemente alto durante la primera parte de la carrera como para asegurar que los atletas favoritos puedan acabar en un tiempo rápido”. Hubo analistas que llegaron a vaticinar que Trump no era más que una liebre, un candidato que se retiraría cuando hubiera logrado escorar el debate a la derecha, abonando el camino a un candidato conservador más respetable que respondiera a los intereses de los grandes poderes. En efecto, Trump ha conseguido radicalizar las primarias, pero la hipótesis de la liebre sólo ha servido para comprobar hasta qué punto lo han subestimado.

Para terminar, coincido con los consultores Iván Redondo y Antonio Gutiérrez-Rubí en qué a partir de ahora la película va a cambiar. En cuanto sea proclamado el candidato republicano veremos a un Trump más comedido, en definitiva, como dice Redondo, “a un Trump presidenciable”.

Fuente de la imagen: ‘Chiapas sin censura’

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