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El fantasma del populismo recorre y atemoriza a Europa, al menos a la políticamente correcta. Como ya anticipamos hace tres años, la crisis y las políticas de austeridad están favoreciendo el avance en casi todos los países europeos de partidos políticos más o menos jóvenes que están logrando romper el bipartidismo dominante y en muchos casos erosionar el proyecto de la Unión Europea tal como lo conocemos.

Eva Duarte de Perón

En algunas de estas naciones, “populismo” es la palabra de moda en el debate político. Pero, realmente ¿qué es exactamente populismo? Habitualmente en los medios de comunicación se utiliza en sentido despectivo contra cualquier discurso o fuerza política que sea considerado demagógico desde el punto de vista de lo políticamente correcto, especialmente el que usa un “estilo plebeyo” –según apunta Wikipedia– y/o trata de ganarse a las clases populares. El Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, por su parte, define el vocablo de forma ambigua: “tendencia política que pretende atraerse a las clases populares”, aclarando que, tal como indicamos, suele utilizarse en sentido peyorativo. Aunque realmente es así, nosotros vamos a intentar utilizar este término de un modo objetivo y neutro, desde el prisma de la ciencia y la comunicación política.

Pero, antes de analizar cuáles son las características del discurso que comunican los partidos populistas europeos de hoy en día, que lo haremos en el siguiente post, vamos a aclarar primero qué entendemos exactamente por populismo:

Plano ideológico:

El populismo no es una ideología. Como el nacionalismo, es transversal, es decir, que puede caracterizar a formaciones de izquierda o de derecha, e incluso a movimientos, partidos o líderes que estén claramente encasillados en ideologías clásicas contrapuestas. Su principal característica es la división en un contexto determinado de la sociedad en dos polos contrapuestos: el pueblo, al que pertenece la mayor parte de la población, y la élite. Los grupos populistas, obviamente, aseguran defender los intereses de esa mayoría. Pero, bajo esas alusiones genéricas al pueblo (o a la nación), cada partido tiene una concepción distinta de lo que significa ese “nosotros” que se opone al “ellos”. En resumen, más que una ideología hablamos de una forma de hacer y concebir la política, sobre todo en momentos en los que el status quo se tambalea y los consensos se rompen. Entre los grandes teóricos del populismo destacamos al argentino Ernesto Laclau y a la belga Chantal Mouffe, profesores universitarios que fueron referentes intelectuales para el kirchnerismo e inspiradores de los análisis del partido español ‘Podemos’.

Ernesto Lacalu y Chantal Mouffe

Plano electoral:

Como norma general, los partidos populistas son partidos atrapalotodo. Pescan votos en caladeros diversos. Hay múltiples opciones electorales que pueden definirse como populistas de derechas que, sin embargo, captan a un porcentaje significativo de votantes tradicionalmente de izquierdas o progresistas. Tales son los casos, por ejemplo, del Frente Nacional francés, de los Verdaderos Finlandeses y, según apuntas las encuestas, del magnate estadounidense Donald Trump. Los votantes desencantados y los antiguos abstencionistas también son un nicho propicio para recabar adhesiones.

Plano social:

Al ser un fenómenos transversal, es difícil establecer un perfil social tipo de quien vota por candidaturas populistas. En Europa y en Estados Unidos abundan los electores blancos, barones, de edad media y de clase trabajadora. Los populismos triunfan en zonas afectadas negativamente por el desempleo, la reconversión industrial y otros posibles efectos de globalización, como la pérdida de la identidad nacional. En el caso del populismo de derechas, el control de la inmigración es uno de sus leitmotivs. Los candidatos populistas, como por ejemplo el británico Nigel Farage (UKIP), suelen identificarse con “la gente sencilla y normal”, frente a las élites. En el caso de Pablo Iglesias (‘Podemos’) se apela a “la gente decente” y a “la casta”.

Plano educativo:

El perfil educativo del elector depende mucho de la naturaleza del partido populista en cuestión y del país que analicemos. En Estados Unidos el nivel educativo de los seguidores de Trump es claramente inferior a la media estadounidense. En España, por el contrario, ‘Podemos’ es un movimiento sofisticado desde el punto de vista intelectual que nació en la universidad y que tiene especial influencia en jóvenes estudiantes y en emigrantes. El presidente de los Verdaderos Finlandeses, Timo Soini, plasmó en una tesis doctoral el proyecto político que finalmente llevó con éxito a la práctica.

Timo Soini

Plano económico:

El hecho de que coexistan populismos de derechas y de izquierdas evidencia que no hay modelo económico común. En cualquier caso, ambos suelen coincidir en el mantenimiento del Estado del Bienestar y en políticas económicas intervencionistas, antineoliberales y, en mayor o menor medida, proteccionistas.

Plano nacional:

Junto a lo popular, hay que aclarar que lo nacional es el otro componente básico del discurso populista, que apela al sentimiento patriótico de la población. Los movimientos populistas de América Latina, mayoritariamente de izquierdas, y los de Europa, muchos de ellos de derechas, analizan la política en clave nacional y mantienen una retórica nacionalista. La defensa de la soberanía nacional es una de sus principales reivindicaciones. En el caso de Latinoamérica la defensa de la soberanía nacional frente a las grandes potencias se combina con un panlatinismo que apuesta por organismos de integración regional como Unasur, Mercosur, Alba o CELAC. Por el contrario, los partidos populistas europeos suelen caracterizarse por su oposición a las políticas de la UE. La conservación de la identidad nacional y el control de la inmigración son, como hemos dicho, ideas comunes en el populismo de derechas de Europa y Estados Unidos. El de izquierdas, habitualmente, trata de desmarcarse de lo que considera posiciones xenófobas.

Plano internacional:

En el populismo de izquierdas el sesgo antimperialista y contrario a la política exterior estadounidense es muchos más marcado, de manera especial en los partidos latinoamericanos. En Europa el populismo de derechas es eurescéptico e incluso abiertamente eurófobo. Al igual que el estadounidense Donald Trump, es partidario de políticas aislacionistas. En ambos lados del Atlántico encontramos algunos partidarios de un mayor acercamiento a la Federación Rusa.

Fuente de las imágenes: ‘Historia Política‘, Noticias.perfil.com y ‘The Lobby’.

 

 

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